Instituto de la Máscara | ¿Quienes son los maestros? Bauleo, zapatos y medias grises
Formación Oficial en Salud, Arte y Educación. Es una institución que articula lo psicoterapéutico, lo corporal, el psicoanálisis, el psicodrama, lo grupal, la creatividad y las máscaras. Este entramado constituye una definición conceptual y metodológica. La máscara revela y oculta a lo largo de la historia humana, lo personal, lo cultural y lo social.
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¿Quienes son los maestros? Bauleo, zapatos y medias grises

Acerca de este proyecto

Recibí la noticia de los festejos de los 10 años de la salida de Campo Grupal, un mes después de enterarme del fallecimiento de Armando Bauleo.
En el ínterin fui a dar Seminarios en España e Italia. Regalé a profesionales de allí algunas revistas, entre ellas, Campo Grupal, me llamó la atención, como me ha sucedido en otras oportunidades, cómo se siguen asombrando aún, del desarrollo que tiene en nuestro país el área de lo grupal. Y me puse a pensar acerca de los maestros o dicho de otra manera qué huellas formativas lleva cada uno como un tatuaje de identidad que adquiere “cuerpo” cuando estamos  frente a un grupo. Entonces como un torbellino se me cruzaron voces, lecturas, escenas de películas, gestos, observaciones de comportamientos de animales, canciones, recuerdos, actitudes familiares que van constituyendo ese bagaje imposible de rastrear linealmente que me lleva a preguntarme quienes son los maestros que nos impulsan a actuar frente al otro. Y recordé a Armando Bauleo.

Tenía 16 o 17 años y vivía la fogosidad de un amor adolescente que me iba dando piel extendida en crecimiento en la piel del otro, con permisos y atrevimientos. Pasé a formar parte de una familia que me cobijó como a uno más. Estábamos en el consultorio de un psicoanalista de grupo. Una viuda con sus tres hijos agobiados por las pérdidas de un padre como consecuencia de un alta médica apresurada que le produjo una embolia fatal y de una hermana en un accidente en un río cordobés y estaba yo, una novia. Después entendí otras razones del por qué de mi presencia allí. Yo también había perdido a mi padre de muerte súbita. Entonces  entró Armando Bauleo nos recorrió con la mirada y se sonrió al verme, era la única que estaba allí, poniendo otra energía a secretos familiares, afectos y duelos desgarrantes. Cuando Armando captó la escena, sin emitir una palabra, se sacó los zapatos, puso una pierna con media gris sobre el antebrazo del sillón, es decir, se arremangó y entró el cuerpo a la sesión con escuchas, palabras, gritos y llantos, yo permanecí callada, supe que los quise mucho a todos, que no era la “hermana ausente” en el lugar que me había instalado y aprecié a un profesional fuerte que tomaba las riendas frente al dolor de los otros, dándole a cada uno su porción de bronca, angustia y culpa. Dolores y lágrimas, como quien disipa la confusión-fusión en la niebla de lo humano. 
Han pasado muchos años, encontré a Bauleo siempre circunstancialmente en Congresos, Jornadas, reuniones. Sonriente y con el abrazo generoso de manos grandes y hasta torpes. Poniendo el cuerpo. Con estas resonancias subí al avión.

Al llegar a Italia, en Bologna, cuando me refiero al impacto que había recibido días antes por el fallecimiento de un psicoterapeuta internamente muy cercano, el Director de la Institución a la que voy con frecuencia, se puso pálido y dice que mucho de lo que sabe de grupos lo aprendió trabajando cerca de doce años con Armando. Percibí vivas las huellas que dejó formando profesionales. Comunicó desde una perspectiva creativa el pensamiento de Enrique Pichón Rivierè. Equipos a los que trasmitió la importancia del grupo y el entorno social en la cura. Rescato una frase de Bauleo “A través del movimiento grupal se implica el ser social que permite al hombre ser hombre. Es decir que a través de las relaciones interactuantes aparece la estructuración esencial del hombre  en relación con otros” dice en Cuadernos de Psicología Concreta[1]. Muchos italianos se reconocen hoy, discípulos de estos maestros argentinos errantes que llevaron a distintas tierras esa ronda grupal que pone las miradas frente a frente y exponen en sus cuerpos los atravesamientos que transitan.
Como mi trabajo se relaciona con la imagen del cuerpo, sus máscaras, enmascaramientos y desenmascaramientos, los gestos, posturas, miradas y silencios de los grupos, hoy me pregunto si cada uno de nosotros sabe quienes han sido sus maestros. A veces pensamos que han venido de los libros, otras de los escritorios académicos y otras veces de los tonos de voz y los gestos de profesionales que ponen “carne apasionada” en las consultas. En aquella sesión tal vez encontré un rastro de mi huella y busqué los pies descalzos desde mi trabajo. Siempre voy a agradecerle a  Armando Bauleo el potencial creador que significó para mí la libertad de sacarse los zapatos.

¿Qué tiene que ver este relato con los festejos de los diez años de la salida de esta revista?: .Mucho, porque durante estos años, fue constituyendo un medio de formación, de análisis, de enriquecimiento en diferentes temas y así como recordé esa anécdota frente a la muerte de mi primer terapeuta, me aparecieron algunas de las frases que la revista trae como referente poético, que le dan una amplitud y un entorno a lo grupal que lo hace trascender de la especificidad de la difusión de una temática para adentrar lo grupal, a otros núcleos a veces desconocidos, inéditos, como si se pudiera ir en la lectura más allá de lo grupal mismo. ¿Acaso no son éstas las características de un grupo? Reconozco con alegría que no podría dejar fuera de esas huellas de formación en lo grupal la lectura de muchas de sus páginas, no sólo por los contenidos, por la ideología que la define, por el análisis de los hechos que vivimos como argentinos que están presentes y enfocados con la responsabilidad que merecen, sino también porque es una revista que como Bauleo se permite sacarse los zapatos.
Felices diez años!!!!.

[1] Año 1969 en el artículo sobre Grupos Operativos. Edición en cooperativa

Publicación

Publicado en revista Campo Grupal Año 11 Nº 102 Julio 2008

Autor

Elina Matoso

Categoría
Textos