Instituto de la Máscara | Poética de la cura – Clínica de le Heterogeneidad
Formación Oficial en Salud, Arte y Educación. Es una institución que articula lo psicoterapéutico, lo corporal, el psicoanálisis, el psicodrama, lo grupal, la creatividad y las máscaras. Este entramado constituye una definición conceptual y metodológica. La máscara revela y oculta a lo largo de la historia humana, lo personal, lo cultural y lo social.
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Poética de la cura – Clínica de le Heterogeneidad

Acerca de este proyecto

El psicoanálisis y la imperiosidad del cuerpo
No es ocioso decir que el psicoanálisis es una reflexión sobre la cultura y el cuerpo. Reflexión que posibilita a Freud descubrir la sexualidad infantil, el inconsciente, la represión. Decir acerca de un malestar en la cultura.
Desde una psicología para neurólogos, desde el cuerpo de la neurología a un cuerpo erógeno histórico y de la significación.
Cuerpo del sueño, sueño del cuerpo.
La interpretación freudiana oscila entre el descubrimiento de lo otro que el cuerpo hace presente, y la presión positivista, el ideal cientificista enunciado más de una vez por Freud.
Algunos episodios de la historia del psicoanálisis, son también místicos. En el origen del psicoanálisis, Breuer escapa de Ana O. ante el pseudoembarazo transferencial. Freud lo tranquiliza diciéndole que a él una paciente lo había abrazado y que había podido encontrar una solución.
En la carta del 21 de septiembre de 1895, Freud se queja del engaño de la histérica. “ Ya no creo en mi neurótica”, dice. Así, abandona ( reprime) la teoría de la seducción. Esos momentos iniciales tienen la fuerza de lo que se repite y al mismo tiempo son síntoma de lugares de detención.
Laplanche afirma que la represión de la teoría de la seducción parece haber dejado un vacío que sigue operando dentro del psicoanálisis.
¿Cómo ha influido esta represión y cual es el lugar del afecto dentro del psicoanálisis?
La escena de Breuer parece haber actuado como una escena traumática. Escena que se repite frecuentemente con variaciones, frente a la cual la promoción del encuadre como legislación parásita, no es el único síntoma.
El cuerpo del psicoanalista, mezcla de envaramiento y transgresión, parece mostrar elimpasse de la teoría, entre la cientificidad positivista y el psicoanálisis como subversión (versión corporal del sujeto).
El diván fue/es parte de un dispositivo fundamentado en la idea de que sostener el cuerpo en la horizontal e impedir la descarga motriz da la posibilidad a que lo erógeno de este cuerpo pueda ser convertido en palabra.
Desde la teoría de la seducción generalizada, es seducción aquel monto de afecto que sobrepasa la capacidad de ser metabolizada, ligada por el infans (el niño previo a la adquisición de la palabra).
En el diván parecen recostarse dos aspectos del psicoanálisis. Por un lado, su aspecto instituyente, metabolizador de la transferencia. Lugar de escucha. Por otro, regla omnipotente, máscara del psicoanálisis, lugar de lo burocrático y de lo instituido. Lugar de detención en cuanto al afecto, al cuerpo del paciente y al cuerpo del analista.
Síntoma de esa escena mítica y traumática de Breuer, que reaparece como el fantasma del padre de Hamlet que sigue reapareciendo en las terrazas del castillo.

 

¿Pero qué es el cuerpo?
Es lo otro de la cultura. Es la sexualidad con sus vestimentas. Es la superficie de las profundidades del alma. Es la escultura del inconsciente. Es el espacio de la pulsión. Es lo no extenso de la red extensa. Es lo real extenso. Es lo irreal de la realidad. Es lo que escapa al realismo de la relación con el otro. Es lo prensible de lo inaprensible. Es lo inaprensible de lo prensible.
Hay una ilusión realista de quienes trabajan con el cuerpo. Es el haber apresado lo real de éste. Es un realismo ingenuo. También un eficientismo.
Lo instituyente del psicoanálisis no queda solo en el realismo del cuerpo como res extensa.Da cuenta del cuerpo pulsional y de la cultura.
No es extraño que algunos psicoanalistas cuando entran en contacto con el relato de una experiencia como la relatada anteriormente, muestren una actitud de rechazo frente a la “actuación”, o una actitud condescendiente: el psicoanálisis sería una talking cure (cura por la palabra), y “eso” puede tener su efectividad pero no sería psicoanálisis.
Posiblemente la condescendencia sea expresión de esa ambigüedad teórico-técnica que “des-coloca” al psicoanalista frente al cuerpo y a lo social.
El dar-enseñar otro cuerpo, así como dar espacio a la escucha, pueden ser dispositivos que tratan de dar cuenta, de dar lugar nuevamente a aquello del cuerpo que no puede ser dicho.
El ejercicio corporal como dispositivo psicoanalítico incorpora un homólogo del sueño con su capacidad metabolizadora de la fantasía, donde habría detención y condensación. El analista es madre en cuanto a su capacidad de reverie (ensoñar, según Bion).
La escucha del vínculo primario de seducción e incestuoso expresado por la violencia del gesto o de la voz da pie a la posibilidad de recrear otro vínculo donde, junto con lo escuchado, hay discriminación de esquema e imagen corporal y, discriminación de los diferentes lugares, funciones y fantasmas.
Según Doltó, esquema corporal se refiere a la estructura biológica del cuerpo, a aquello común a la especie. La imagen inconsciente del cuerpo se refiere a aquella atravesada por el deseo y la cultura.
El lugar de lo corporal no deja de ser reservorio de la pulsión, concepto límite entre lo somático y lo psíquico, lugar naciente de lo fantasmático originario, primario y secundario.
El ejercicio posiblemente estaba relacionado con el dar un modelo de identificación para quien parecía no haber podido construir la identificación primaria, revelada por su sintomatología. Parecía querer sostener aquello que no se sostenía en la historia. No es extraño que un psicoanalista tenga ese propósito. La escucha no es hacer presente el desierto con el silencio, sino marcar algunas huellas.
Los diferentes medios expresivos se hacen eco de aquellos lenguajes adquiridos por la paciente en el curso de su historia pero que no alcanzaron a resignificar esa escena cuasiincestuosa. Los vericuetos escondían y hacían presente lo “actual” de la escena.
En estas situaciones clínicas está implícita en la escucha la posibilidad de generar matrices imaginarias para que esa otra escena, que era nudo en el cuerpo, pudiera tener otra estructura.
A cien años de la creación del psicoanálisis, se han producido cambios sociales y de la subjetividad. Al cuerpo de la histeria le ha sucedido o se le suma el cuerpo del narcisismo, el cuerpo Light, el cuerpo de lo psicosomático. Cuerpo carente de representación, cargado con la imagen de los medios. Redes sociales que han caído.
¿Cuáles son los esquemas referenciales que dan cuenta de estas transformaciones?
Generar otros dispositivos o ponerlos a punto implica reflexionar en y con lo teórico y lo técnico: poner a trabajar el psicoanálisis.

Autor

Mario J. Buchbinder

Publicación

Publicado en Revista Topía 1998 y en Poética de la Cura, Ed.Letra Viva, 2001

Fecha
Categoría
Textos
Etiquetas
cuerpo, cultura, psicoanálisis