Instituto de la Máscara | Las Máscaras
Formación Oficial en Salud, Arte y Educación. Es una institución que articula lo psicoterapéutico, lo corporal, el psicoanálisis, el psicodrama, lo grupal, la creatividad y las máscaras. Este entramado constituye una definición conceptual y metodológica. La máscara revela y oculta a lo largo de la historia humana, lo personal, lo cultural y lo social.
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Las Máscaras

Acerca de este proyecto

Las máscaras son carcazas, camisas, pieles suaves, cartón pintado, texturas plásticas, maderas talladas, rostros de ojos vacíos. Las máscaras son lo que son, son máscaras.
Rasgos, posturas, gestos, actitudes corporales, miradas, arrugas, pliegues, abdominales flotantes, curvaturas sinuosas. Son lo que son: máscaras.
Imposible separarlas. Las máscaras son carne viva, historia personal y social, son muecas del destino, gritos ancestrales que surcan la vida. Las máscaras son testigo de la historia humana.
Es por esto que jugar con máscaras, hacerlas, ponérselas y sacárselas, elegirlas, rechazarlas, sentirlas hermanas o enemigos no es más que el devenir de la vida, testimoniando en rasgos. No es más que la historia hecha rostro. No es más que la muerte hecha Satán plástico, o Batman, o Dioses milenarios traídos a un presente, a un hoy, en una escena, en un movimiento, un gesto guardado.
La máscara, como la postura corporal, o el grito desgarrante cobran su potencia según el escenario, el contexto en el que se incluye. Se significa y resignifica solo en esas circunstancias. No hay máscaras aisladas, como no hay miradas, ni sonrisas desprendidas de relatos.
Las máscaras colgadas en paredes como objetos decorativos, o adornos, tienen su por qué y su historia. Pero no son esas, las que utilizamos especialmente, sino aquellas que se encarnan, que nos definen, que nos embellecen por instantes.
Vayamos entonces alas máscaras en nuestro quehacer profesional, sus aplicaciones y sus características.

Podría referirme a tres instancias importantes:

  • La máscara como elemento diagnóstico.
  • La máscara como objeto transformador.
  • La máscara como facilitadora de comunicación.

Estas instancias pueden articularse en dos modalidades particulares de aplicación:

  • La máscara que se resignifica sin estar colocada sobre el rostro, que puede estar colgada, en el piso, etc.
  • La máscara que cubre el rostro, y otras partes del cuerpo: piernas, brazos, espalda, pecho.

En forma sintética, podría mencionar etapas en el proceso de utilización de las máscaras ya construidas, diferente al de maquillaje o al de construcción de máscaras, que implica:

  • Elegir la o las máscaras.
  • Colocársela/s y verse con ella/s puesta/s frente al espejo.
  • Interactuar con máscara/s.
  • Quitarse la/s máscara/s

Considerando este relato una breve presentación de un itinerario complejo, matizado y transformado por cada situación en sí misma, es útil compartir con ustedes este itinerario para bosquejar un camino a recorrerse.

La Máscara como elemento de diagnóstico
Cuando una persona elige una o varias máscaras, se construye un relato corporal, en muchos casos revelador de situaciones traumáticas, bloqueos, recuerdos encubiertos, potenciales escondidos, energías corporales que tomaron rostro, que al adquirir rostriedad conforman un particular significado y esto da lugar a una indicación, un ejercicio determinado, o un posible diseño de tratamiento a encarar. Recuerdo, como ejemplo, una mujer que al elegir máscaras al azar las fue colocando en el piso a su alrededor, y quedo ella atrapada dentro de un círculo de máscaras que menciono opresivo. En ese caso la elección y la colocación de la máscaras fueron reveladoras de una historia vincular que no había surgido en encuentros anteriores.
Si gnosis es conocimiento, este momento diagnóstico fue un re-conocerse, y compartir ese reconocimiento a través de unas pocas máscaras que la rodeaban, dio la posibilidad de echar luz sobre un lugar oscuro y, a partir de allí, ir transitando diferentes recorridos.
En esta instancia la espacialización, es decir, el modo en que fueron colocadas las máscaras en el piso, resultó revelador de un diseño corporal-espacial; verlo así le permitió reconocer hábitos, energías, escenas revelantes con relación a su cuerpo y sus vínculos. Aquí se destacan no solo las máscaras, sino el lugar que ocupan espacialmente, en este caso el piso. Se organiza una gestalt, una estructura significante, un mapa que desenmascaró distancias, desencuentros, opresiones, conexiones, afinidades.

La máscara como objeto transformador
Al colocarse máscaras se produce un efecto de fusión-integración-ruptura entre el cuerpo y ese nuevo rostro sobre la cara o sobre alguna zona del cuerpo. Ya no es un mapa en el piso o en un dibujo sino el pasaje a una corporeidad diferente,vestida o revestida por máscaras. El espejo da cuenta de una búsqueda corporal de acomodación o de impregnación. En este enmascaramiento se va construyendo una gestualidad, un equilibrio, un sostén, fluidez, es decir, momentos de transformación provocados por esta yuxtaposición.
Este proceso puede tomar múltiples direcciones según los objetivos con que fuera propuesto el uso de una máscara:
-Posibilita la construcción de personajes, dramatizaciones y escenas.
Intensifica rasgos corporales que se ven amplificados o acentuados a partir de la máscara.
-Permite el despliegue de movimientos con energías acordes o no con la expresión de esta máscara.
-Destaca una relación actitudinal con una zona del cuerpo (pecho, abdomen, hombros, piernas, etc.) que se resalta con más intensidad a partir de la máscara.
Es importante en esta instancia el juego de vaivén. La oscilación entre, por un lado, la aceptación, incorporación de la máscara al cuerpo (darle cuerpo a la máscara) y, por otro lado, la diferenciación y distanciamiento que produce. A veces se manifiesta como rechazo o desinterés, otras, como resistencia a ese pendular que implica todo proceso de cambio, que requiere fluidez y permisos en todo sentido: energéticos, en dar paso a imágenes diferentes, en sensaciones y percepciones que se modifican y dan lugar a un re-conocimiento de lo nuevo, lo distinto, dentro del propio cuerpo. Proceso de estructuración-desestructuración que es sostén de los cambios, fuente alimentadora, por ejemplo, del proceso creador o del proceso de aprendizaje o del proceso terapéutico.
En el caso de Tita, la mujer atrapada en su círculo de máscaras, al colocárselas una a una, en distintos tiempos y circunstancias, accedió a corporizar aspectos de ella, depositados en esos nuevos rostros y,  a su vez aspectos de los otros, de sus relaciones vinculares, que al tomar cuerpo con la máscara se personalizaban y se diferenciaban de sus matices.
Esta instancia de usar máscaras resulta como un prestarles el cuerpo por instantes a personajes internos, aspectos olvidados, seres que nos rodean y de este préstamo siempre se sale transformado. Es aquí donde el coordinador corporal, debe tener claridad sobre la contención que este préstamo requiere.

La máscara como facilitadora de la comunicación
Tomar un rostro ajeno y hacerlo propio es revivir el juego de Carnaval, del disfraz, del ocultarse, del espiar enmascarado, a veces, de soltar inhibiciones, intercambiar con un “otro desconocido acercamientos y distancias que, según se planteen, pueden tener un carácter más festivo, más lúdico, más escénico, pueden cabalgar el drama o la comedia, el festejo, la ceremonia o el ritual grupal de la creatividad compartida.
Siguiendo el ejemplo de Tita y su círculo de máscaras, fue interesante cuando ella se fue relacionando corporalmente, en su grupo de trabajo corporal, según cada una de las máscaras que se ponía. Del mismo modo que al utilizarlas los compañeros y verlas corporeizadas en otros cuerpos esos efectos que en la primera vez aparecían tan congelados en el círculo opresor, empezaron a fluir en un devenir de máscaras y rasgos que ayudaron a la relación con su cuerpo y con los otros. Estas tres instancias planteadas: la máscara como elemento diagnóstico, la máscara como objeto transformador y la máscara como facilitadora de la comunicación, son sistematizaciones arbitrarias, resultan por momentos muy esquemáticas y se asemejan a ese desmembrar o separar las partes que sabemos son inseparables. El objetivo en ese caso sólo significa un modo de organizar el relato y trasmitir una experiencia.
Mencionaría dos temas más, para redondear estas aproximaciones a las máscaras:

1) La diferencia entre la utilización de las máscaras ya hechas y el construirse máscaras.

2) El maquillaje y el tatuaje.

En todos los casos se produce ese efecto transformador de estructuración
Y desestructuración de la imagen corporal, de aceptación o de rechazo, fusión o discriminación del cuerpo con el objeto máscara, objeto transicional, que mencionaba Winnicott. Pero hay matices y objetivos diferentes al elegir uno u otro. En el caso de la construcción de máscaras, se da un proceso de tiempo de creación que envuelve a la persona en su devenir, que hace emerger rasgos de la arcilla, que se esfuman en el modelado, la cartapesta, la pintura final. La historia con esa máscara comienza mucho antes que al elegir una, frente a otras ya hechas. Esto tiene que ver con el construir el rostro o el cuerpo y suele ser una etapa indispensable en aquellos casos donde en la vivencia corporal prevalece el destruir, por ejemplo amputaciones o intervenciones quirúrgicas que connotan mucho con la pérdida, o situaciones donde el destruir, tiene que ver con sensaciones despertadas por una mudanza, un viaje, el exilio, etc. Este construir actualiza un recorrido vital perdido, que es el pasaje por momentos de plenitud y completud corporal y otros de resquebrajamiento, quiebre, pérdida. Al hacer la máscara se resignifica ese construir-destruir constante que implica el vivir.
El maquillaje mencionado no lo ampliaré aquí ya que fue descripto en libros citados anteriormente. Sí me referiré, en pocas palabras, al tatuaje por ser una práctica que ha adquirido relevancia social en los últimos tiempos.
El tatuaje es una máscara que no se borra, queda escrito en el cuerpo, destaca la marca, la cicatriz, la herida y a su vez da cuenta de una pertenencia a un grupo de pares, que se reconocen en estas marcas. Necesidad que implica el rasgarse, herirse, para evidenciar lo vivo, con las implicancias personales e histórico-sociales que esto implica.

A lo largo de estos veiticinco años en los que venimos trabajando con máscaras hemos podido acercarnos no sólo a un objeto, la máscara, y a una multiplicidad de aplicaciones, (desde masivas e individuales o desde psicoterapéuticas a plásticas y lúdicas), sino que hemos contextuado nuestro quehacer en una línea denominada Poética del desenmascaramiento es decir, un cambio de aproximación a lo humano, de reconocimiento permanente de la importancia de lo visible, como lo invisible, lo manifiesto y lo oculto, lo transparente y lo opaco, no como polaridades exclusivas sino como devenir existencial.
Hemos transitado etapas, donde incluir máscaras podía ser considerado como una prácticasnob más, algo tan característico en nuestro medio. Hoy podemos decir que la máscara no es más que la actitud de cada persona que vive en un mundo de máscaras: televisivas, políticas, sociales, históricas, familiares, míticas, ancestrales, cotidianas. Máscara que vive rodeada de máscaras, que habita y es habitada por máscaras que la mayoría de las veces, nos visten y algunas pocas, nos desnudan.

Publicación

Publicado en la Revista Kiné, Nº 39 y en El Cuerpo, Territorio de la Imagen, Ed.Letra Viva, 1ra.Ed. 2001

Autor

Elina Matoso

Fecha
Categoría
Textos
Etiquetas
comunicación, máscaras