Instituto de la Máscara | Erotismo en los grupos
Formación Oficial en Salud, Arte y Educación. Es una institución que articula lo psicoterapéutico, lo corporal, el psicoanálisis, el psicodrama, lo grupal, la creatividad y las máscaras. Este entramado constituye una definición conceptual y metodológica. La máscara revela y oculta a lo largo de la historia humana, lo personal, lo cultural y lo social.
Instituto, Máscara, Formación, Salud, Arte, Educación, Psicoterapéutico, Corporal, Psicoanalisis, psicodrama, grupal, creatividad, conceptual, cultura, social
15861
portfolio_page-template-default,single,single-portfolio_page,postid-15861,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-10.1.2,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1,vc_responsive
 

Erotismo en los grupos

Acerca de este proyecto

Si la elección de los objetos puede ser considerada una relación erótica, si toda parte del cuerpo puede constituirse en zona erógena, es absurdo pensar en “dejar afuera” el erotismo en la tarea corporal


El erotismo es una de las bases del conocimiento de sí mismo, tan indispensable como la poesía. (Anaïs Nin)

Si en una clase los pies fríos se calientan, la pelvis rígida se ondula, la mandíbula pierde dureza por sonrisa. Los ojos se humedecen, los labios se entreabren. Los quejidos se cambian por suspiros, los olores se funden con bostezos. Despiertan los felinos escondidos, Eros en persona juguetea entre vientres y caderas… los demonios chillan en rincones… y los ratones corren y se abrazan en mentes
danzarinas… ¿qué está pasando en el grupo?
Está explorando esa sutil frontera entre la soledad y el compartir, la alegría y la tristeza, lo abierto y lo cerrado, el dar y el recibir.
Eros y Tanatos co-coordinan un tiempo mágico en ese territorio erótico que conforma un grupo.
¿Qué pasa en en las diferentes prácticas corporales con lo erótico? ¿De qué manera se lo deja “entrar” (aunque, ya está adentro) en el devenir de un grupo?
Esta pregunta viene ligada a que “lo erótico” siempre está emparentado con el contexto y a su vez cada circunstancia vital incluye lo erótico.
A partir de mediados del siglo pasado llegamos a un presente donde se venden cuerpos, modelos de belleza que cada vez más alejan al ser humano de su cuerpo y transforman la corporeidad en un objeto más de consumo.

Erotismo y consumo
Habría un erotismo que se vende en este mundo globalizado donde los medios de comunicación juegan un rol protagónico que acentúa: modelos de cuerpos descarnalizados, que son instrumentos, percheros de marcas, colores, objetos cuya característica primera es vender el producto a través de estereotipos de posturas y desnudeces repetitivas. Cuerpos marcados por marcas de ropas ajustadas, o dentífricos que marcan las curvaturas de los dientes como si fueran caderas exhuberantes, propagandas que muestran torsos y perfumes, piernas y autos, que darían a entender que: objeto + cuerpos es igual a bienestar – placer – éxito. Es decir pertenecer al contexto supremo de la belleza, la limpieza y delgadez como estandartes del ser.
Este erotismo que socialmente “consumimos” acentúa especialmente la relación entre lo erótico y el mostrar, como si el erotismo se construyera con “mostrar”. El mayor erotismo sería “mostrar todo” y si lo que muestro se apoya en el brillo y el color de un guardabarro, es probable que uno se interrogue ¿el erotismo dónde está: en la pierna que se apoya o en el rojo redondo metalizado?

Erotismo y pornografía
Dentro del mercado del consumo la pornografía vende millones y millones en billetes- cuerpos. Lo explícito se cotiza en moneda, en valor de cambio. Tal vez sea la pornografía aquello que constituya lo más alejado del erotismo.
Podríamos decir que por – NO– grafía es lo que NO tiene escritura, lo que está afuera del juego del lenguaje, en cuanto al otro, lo visible e invisible, en cuanto al deseo, la atracción, la seducción, el rechazo, la vergüenza.
“Si, como se dice, poesía es lo que queda fuera en una traducción, también puede ser lo que es dejado fuera en la pornografía. El erotismo en cambio engloba la poesía, destacándola aún en sus aspectos más oscuros, dolorosos y degradantes”
No está de más repensar estas diferenciaciones ya que, a veces, cuando las fantasías puestas en el cuerpo en relación a otros cuerpos en un grupo, pierden el juego de la eroticidad, pierden el cuerpo y el trabajo corporal cae en el vacío.
La escena pornográfica, es directa, repetitiva, no apela más que a la explicitación del acto sexual. La escena erótica implica juego, creación, descubrimiento, frustración, así como insatisfacción o placer.

Conocerse a si mismo. Erotismo y poesía
¿Qué pasa entonces, cuando en la cotidianeidad de la tarea corporal hay que resignificar piel y objeto, contacto y mirada, e inscribirlos en un lugar que aproxime a cada uno al conocerse a si mismo. Lugar diferente, por ejemplo, al que estimulan los medios masivos de comunicación, donde las imágenes describen el yoghurt descremado con el escote de la prenda que muestra hasta el ombligo, o se trasmite un sorteo desde los gluteos y el premio es un electrodoméstico en vez de la protagonista de las formas expuestas. Esta confusión explícita hace que el espectador se aleje cada vez más de la posibilidad de conocerse a sí mismo, y capturado en la imagen pierde la eroticidad propia en la mezcolanza de cuerpos – productos – y objetos.
De allí la importancia de que el coordinador sea conciente de esta estimulación constante que recibimos y que desde sus objetivos no pierda la direccionalidad de provocar en el alumno la búsqueda de “ese otro cuerpo propio” como camino de adueñamiento de sí mismo y pueda diferenciar; modelos impuestos a cuerpos latientes en el suceder vital. Esta constituiría una de las bases en las que cada grupo puede ir construyendo un itinerario posible de erotismo que desenmascare clichés televisivos, así como mandatos ancestrales, por lo general represivos y abra un camino de elaboración propia, individual y grupal donde se juegue el lugar de la seducción, del contacto, de la mirada y conforme un territorio erótico que sea capaz de regularse en un vaivén constante entre el acercamiento y el distanciamiento a la poética corporal que se despierta y se adormece permanentemente, teniendo en cuenta que cuando el territorio erótico se traspasa, se quiebra un límite grupal que no es fácil recomponer.

¿Y el coordinador?
¿Qué estimula, qué contiene? ¿qué reprime?
Es ingenuo pensar que el erotismo siempre se “juega bien” en los grupos de trabajo corporal, que una caricia es sólo una caricia, que un beso es sólo un beso, que una mirada es sólo una mirada.
Cada mirada, cada gesto, cada caricia es de una complejidad que erotiza el contexto grupal de mil maneras.
Tal vez valga la pena destacar que el campo de lo corporal es un espacio privilegiado para resignificar lo erótico. Inscribir los fantasmas, las excitaciones, los deseos, las temperaturas, en gestos, posturas, movimientos, escenas, personajes, ritmos, máscaras facilitando en el grupo que se pueda revisar el vínculo con el propio cuerpo, en relación al otro, ensanchando el horizonte sensible de cada uno. Esto no significa ni “solucionar”, ni simplificar la eroticidad a un ejercicio, o a un contacto. Ni una reducción a lo” placentero” sino por el contrario el coordinador debe instrumentar recursos y dispositivos para trabajar la insatisfacción, la pérdida o el displacer que el placer puede llegar a generar.
Si tomamos el fluir energético corporal como un propósito de trabajo y reconocemos la carga libidinal, pulsional que conlleva lo energético y si hablamos de energías dormidas o latentes y reconocemos excitaciones, impulsos, pulsiones, acaloramientos, vibraciones y ondulaciones como itinerarios posibles, somos conscientes de que permanentemente estamos re-ubicando la eroticidad. Si la elección de los objetos puede ser considerada una relación erótica, si toda parte del cuerpo puede constituirse en zona erógena, es absurdo pensar en “dejar afuera” el erotismo en la tarea corporal.
Sí, pero… ¿dónde está el límite? ¿quién lo pone? ¿quién interrumpe ese fluir energético de danza, ritual, ceremonia de encuentro del hombre consigo mismo y con los otros? ¿Quién puede decir que no han corrido pasiones, amores, desilusiones, odios, cuando la música enmudece y el coordinador suele preguntar “¿cómo se sienten?” y los miembros del grupo como al pasar suelen responder: “Fue fantástico, me sentí bárbaro”, palabras que muchas veces encubren lo vivido. Máscaras para cubrir ese instante de desnudamiento, de cuerpo que atravesó un abismo, para compartir otro.
El grupo y el coordinador saben qué sucedió, pero esa no es una situación de omnipotencia, aunque muchas veces se la confunda y se la crea. No siempre estas puertas se abren “armoniosamente”; muchas se sobreestimulan o se cierran de un portazo. Muchos se asustan y no retornan la vez siguiente. El coordinador se impotentiza y se pregunta ¿qué habré hecho?, le aflora una culpa inmensa y todos pueden irse eufóricos o cabizbajos. Se removieron escombros de la sexualidad que estaban desperdigados en el propio cuerpo, se encendieron, y en el fluir grupal se entrecruzaron.
Me interrogo sobre una tendencia del trabajo corporal que suele promocionar esto, y así como se propagandizan piernas con desodorantes y ombligos con jabones, se confunde tarea corporal con sobreestimulación de la erotización grupal, o se considera no exitosa la tarea cuando emerge el dolor, o el aburrimiento, o el cansancio… en vez de la morosidad amorosa. Me preocupa cuando lo erótico se reduce a encuentros, abrazos, caricias y obtura una complejidad humana como la sexualidad.
Me inquieta como coodinador pensar que se resuelve un fluir porque haya fluido en una ocasión, y pueda no respetarse el temor que esto desencadena, o que se confunda con llegada, algo que es del orden del punto de partida, de lo inaccesible, de lo que se reactualiza, se pierde y recupera.
Me preocupa cuando se confunde catarsis con elaboración o cuando el coordinador cree que a él no le ha sucedido “nada” porque está más allá de las pasiones, o cuando vuelca esas pasiones en el grupo en un aparente entrar en ese territorio fantasmático erótico que es sólo del grupo.
Me emociona cuando algo de lo intangible, de lo erótico se hace presente en la tarea y, grupo y coordinador, lo capturan en la fugacidad del instante y lo comparten.

Publicación

Publicado en Revista Kiné Nº 73 agosto 2006

Autor

Elina Matoso

Categoría
Textos
Etiquetas
coodinador, erotismo, grupo, Poesía, pornografía