Instituto de la Máscara | El arte de coordinar
Formación Oficial en Salud, Arte y Educación. Es una institución que articula lo psicoterapéutico, lo corporal, el psicoanálisis, el psicodrama, lo grupal, la creatividad y las máscaras. Este entramado constituye una definición conceptual y metodológica. La máscara revela y oculta a lo largo de la historia humana, lo personal, lo cultural y lo social.
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El arte de coordinar

Acerca de este proyecto

Son frecuentes dos interrogantes, uno sobre qué es coordinar y el otro hace referencia al campo o área donde se ejerce esa coordinación..

Ser coordinador de recursos expresivos, o de trabajo corporal o escénico, de psicodrama, son recoridos que implican un saber acerca de la coordinación y por otro adentrarse en disciplinas que tienen especificidades diferentes, que abarcan una postura teórica, filisofica y a su vez incluyen sus propias técnicas.

Estas formaciones implican definir y articular la coordinación con el aprendizaje de saberes que tienen sus objetivos y rigurosidades propias de todo recorrido específico. Es importante aclarar que no se trata de coordinar técnicas, sino articular las mismas dentro de disciplinas que las incluyen y a su vez conjugarlas con la maestría o el ejercicio de la coordinación.

Si pensamos en un ramo de flores diversas, el arte esta en combinarlas y a su vez amarrarlas en un lazo que las contiene. El cordinador arma y sostiene el ramo que se abre en la variedad de formas, colores, alturas, perfumes, de cada una de las flores elegidas. Es decir que al coordinar, siempre se elige entre varias posibilidades y a su vez se organiza la acción según las diferencias y posibilidades que se presenten. Se elige y se descarta. Esta mirada, aparentemente sencilla, es epistemologicamente diferente a enseñar un saber donde –habitualmente- el recorrido se centraliza en la unicidad, por ejemplo: en el aprendizaje de una técnica. En el caso de la coordinación, ésta se define por la heterogeneidad de posibilidades a articular y la elección de múltiples caminos para condensarse en algunos, que permiten llevar adelante un objetivo. Si lo sintetizaramos mas aún, podríamos decir que en el primer ejemplo -el de enseñar una técnica determinada- habría una linealidad que se destaca, y un sumar complejidades en el aprendizaje. La coordinación, mas que una linealidad, propone una suma de simultaneidades donde el que coordina y el que es coordinado van diseñando un transitar  en el que intervienen diversos factores. En la coordinación hay una reelevancia de lo laberíntico, lo múltiple, un adentrarse en lo desconocido. El no saber que puede ser su mayor riqueza o su obstáculo principal. De allí la complejidad de formar coordinadores. A un coordinador se le exige entrenarse en campos diferentes, con un alto grado de flexibilidad y una mutabilidad dentro de la rigurosidad propia de una formación, ya que no se trata de “hacer lo que salga” sino que el coordinador es un artifice que hace que aquello que sale “parece” el resultado de ….( una magia, casualidad, espontaneidad, etc) y sabemos que para que se dé esa magia, esa espontaneidad, hay un riguroso trabajo disciplinar detrás, que lo sostiene, lo fundamenta y lo articula permanentemente.

¿Qué es ser coordinador de trabajo corporal?

Retomando las consideraciones anteriores, podríamos afirmar que:  coordinar implica una modalidad especifica de llevar a cabo una tarea. Coordinar hace referencia a articular lo que hay, lo que se presenta, es decir encarar un recorrido siempre diferente segun las necesidades, búsquedas, desconocimientos de aquellos que se aproximan a una tarea. No se es un profesor, que enseña contenidos prefijados, ni un instructor que instruye en un saber que el otro desconoce, no es un director que organiza un engranaje de intereses y objetivos, ni es un guía que va abriendo el camino por él ya transitado. Si bien estas diferencias son sutiles y todo maestro tiene una parte de guía o de director. El rol del coordinador se acentúa en el vaivén, el ida y vuelta que implica articular la aproximación del otro hacia su propio cuerpo, y su propia aproximación como coordinador. Se funda un territorio de intercambio que implica dar lugar a la corporeidad de la otra persona, respirar sus tiempos, tener en cuenta su ritmos y actitudes corporales par ir diseñando una mirada compartida. La sabiduría del que ejerce una coordinación está en su capacidad de espera, de silencio, de disponibilidad para ensamblar y proponer recursos, abordajes centrados en una práctica específica, mas que para imponer o corregir rumbos, para abrir rumbos. Si bien las diferentes técnicas son rigurosas y explícitas en los caminos a seguir, y su buen aprendizaje ahorra tiempos y malestares o facilita espacios de intercambio y comunicación con los otros, la modalidad en que esta tarea se lleve a cabo no siempre es nítida ni directa. La coordinación implica una progresión no lineal, con centraciones y descentraciones múltiples, libre y sujeta a la vez por las circunstancias corporales, psicosociales, grupales, individuales, míticas, religiosas y culturales.

Tomando palabras de Barthes podríamos decir: que el ejercicio de coordinar no se sujeta a un código es mas, “no hay código hermeneútico que valga, es exactamente al revés, la verdad puede esparcirse por un lado, invertirse, darse vuelta; el sentido de esta historia cambia, no es estable, queda en manos de los que la hacen y o la padecen, da cuenta de que no hay fin de la historia  porque la historia cambia”  Queda en manos de la conexión que se estable entre el que coordina y el que es coordinado.

Ante estos temas, las redes que se cruzan implican permanentemente redefinir las características de la formación para que esos futuros coordinadores puedan ejercer su actividad con idoneidad.

 

Algunas reflexiones sobre el campo de “lo corporal”

Este artículo intenta aproximar algunas respuestas a interrogantes que son significativos dentro del campo de lo corporal, que tiene al cuerpo como objeto-sujeto de estudio.

Para tratar de definir un perfil del coordinador de trabajo corporal es necesario observar el entramado social en que estará inmerso.

Ver cuáles son las características sociales que generan una necesidad de aproximación a lo corporal y un campo teórico y práctico que trate de satisfacer esta necesidad y formar profesionales capacitados para operar en ese ámbito.

El “cuerpo hoy” como objeto de investigación, es muy distinto al concepto de cuerpo de principios de siglo, muy distinto al del ’45, después de la 2a Guerra y la explosión atómica en Hiroshima, por ejemplo. En cada etapa históricosocial son diferentes los conceptos sobre salud, enfermedad, bienestar, dolor, placer. El vivir y el morir se significan para el hombre según el cuerpo que habita y como éste es considerado en la sociedad en la que vive.  Habitamos la era de la imagen: Todo es traducible a los códigos brillosos y planos de las pantallas, de las imágenes publicitarias, la vertiginosidad con que estas se transmiten, indudablemente, modifican la relación con la propia Imagen Corporal. Esto hace que conceptos de unidad y fragmentación se vean modificados y que se pase de un estado de completud, a uno de fragmentación en Instantes,  por lo tanto aparecen otras variables en la organización de la imagen corporal que no estaban contempladas. Por ejemplo, cuando Schilder define imagen corporal, sus fundamentos  no se relacionaban de la misma manera que en la actualidad, con los medios de comunicación que hacen que mi cuerpo se identifique con el de un ciudadano en Japón o de Paris, y se produzcan “dolores o sufrimientos” parecidos o idénticos. Esto está ligado con el fenómeno de la globalización de la cultura, con la identidad que se enajena en el anonimato de lo masivo: todos comemos lo mismo, nos vestimos igual, consumimos los mismos objetos, con una ilusión de libertad, que hace que construyamos una imagen de cuerpo que en realidad nos es impuesta.

Si tuviera que señalar que improntas marcan con mayor definición el tramado social actual diría: -el fenómeno de la globalización; -la construcción de la imagen en los medios; -la fragmentación permanente de la imagen del cuerpo; -el pasaje existencial fundamental entre ser y poseer un cuerpo; -el avance tecnológico considerado como mecanización del ser humano y no como fuente de enriquecimiento permanente. El consumismo desde la perpectiva que cuanto mas se tiene mas persona se es.

Frente a este panorama general cabría preguntarse cuales son las grandes problemáticas o que comprometen particularmente al cuerpo:

• Patologías alrededor del tema de la imagen corporal como bulimia, anorexia, obesidad y otras.

• Todo tipo de conductas adictivas.

• El sida, como enfermedad emblemática del siglo XX.

• La violencia, el destrozo corporal producto del maltrato, las exigencias cotidianas, la hiper competitividad como subsistencia en un medio cada vez mas hostil, la desocupación generadora de un deterioro en la auto estima sin precedentes y la explotación laboral.

• Lo ecológico como reaseguro de la continuidad de las especies y la supervivencia frente al arrazamiento de los grandes intereses económicos.

• La grupalidad como un fenómeno creciente de consolidación de raíces, pertenencia, solidaridad.

El campo de lo corporal, como saber encarnado en el trasfondo histórico, biológico, social y espiritual del hombre, encontró en este magma una tierra fértil para ahondar en cauces específicos que contemplan la toma de conciencia del cuerpo, los fantasmas y personajes inscriptos con letras de alegría, de sangre o de locura en cada segmento corporal expuesto a la vida. Delineó movimientos, ejercicios, actos de contacto, que releen la corporeidad y profundizan su accionar en cuanto a prevenir, orientar, diagnosticar, enunciar bordes desparejos para una respuesta que apuntale un bienestar, una sabiduría, una apropiación del cuerpo tan desmantelado y a la intemperie en que vivimos. Las prácticas corporales no son más que una guarida donde mantener vivo, lo vivo.

 

Y las técnicas?

Sinteticamente, ya que no es la intención de este artículo hacer un análisis exhaustivo de las distintas técnicas corporales, podría explicitar que: algunas centran su desarrollo teórico en relación al movimiento, otras, al vaivén conceptual: entre la energía y la pulsión y construyen su propia praxis. Otras refuerzan la representación de la imagen y la elaboración de la fantasmática alojada en ella.

Muchas de ellas van conjugando su identidad en el tramado histórico social de siglo XX.

Y conviven hoy, con la psicología  y el psicoanálisis, la antropología, la sociología y las diferentes orientaciones terapéuticas. Algunas tienen una confraternidad mayor con los avances genéticos, médicos, o con las distintas ciencias de la salud.

Hay técnicas que reconocen una cercanía mayor con el arte, la metodología técnica de la danza clásica y moderna, con los juegos teatrales, las artes del espectáculo, o los recursos lúdicos y de improvisación en general. Otras conviven con las gimnasias tradicionales o de auge momentáneo. Las orientaciones plásticas y musicales pueden  incluir técnicas de movimiento o de acción o de representación, cohabitan y fraternizan con miradas sobre el cuerpo que vienen del oriente y rescatan en sus orígenes milenarios: técnicas de equilibrio energético, de meditación, respiración, artes marciales, filosofías que configuran un cuerpo distinto al cuerpo occidental que habitamos.

La corporeidad implica búsqueda de sentidos, como apropiación del aliento humano, la prevención y el acompañamiento ante el dolor y el sufrimiento, así como el diseño de códigos propios. El aprendizaje de recorridos prácticos a través de ejercicios, intercambios, meditaciones, suelen hacer confluir en la misma vereda  varias posturas conceptuales diferentes. Resumo esta clasificación orientadora de las técnicas corporales en:

Técnicas de concientización y sensoperceptivas.

                      Técnicas energéticas.

                      Técnicas lúdicas.

                      Técnicas dramáticas.

                      Técnicas fantasmáticas.

 

Insisto, todas comparten una estrecha relación con el movimiento, la energía, la pulsión, el esquema y la imagen corporal. Despliegan su accionar a partir de lo escénico, la gestualidad y la  máscara, entendida como los enmascaramientos corporales propios del ser humano.

Todas ellas definen y despliegan lo expresivo, lo poético, los ritmos vitales, danzan el movimiento o conforman danzando un cuerpo en movimiento.

Pero cada línea  funda o recupera teoría, trama su código, su encuadre y su campo de acción. Crea su propio mapa del cuerpo y desarrolla su implementación en distintas áreas de la salud, el arte y la educación.

La definición de un coordinador de recursos expresivos o de recursos escénicos esta profundamente relacionada con las características de un coordinador de trabajo corporal, pero diferencias propias del campo que abarcan merecen que se desarrolle ese trabajo un próximo artículo.

* Este artículo amplía y sintetiza el capítulo cinco y el apéndice del libro: Matoso, Elina: “El cuerpo territorio de la imagen” Letra Viva 2° edición. Bs As. 2003

Datos de autor: Elina Matoso Licenciada en Letras (UBA).
Directora del Instituto de la Máscara.
Rectora de la carrera oficial de Coordinador de Trabajo corporal.
Profesora Titular de UBA y UAI.
Autora de varios libros, publicaciones y artículos.

Síntesis del artículo:
El objetivo de este artículo es presentar las peculiaridades del arte de coordinar y las especificidades del campo de lo corporal enmarcado en las necesidades propias del mundo actul, donde la problemática de la corporeidad exige respuestas de profesionales idóneos.

Publicación

Autor

Elina Matoso

Categoría
Textos
Etiquetas
coordinador, corporal